Siempre es bueno un té caliente. Suelo tomarlos por las mañanas o a media tarde, me traen recuerdos de mi casa de niño, bueno de todas ellas ya que viví en cientos de casas y todas muy diferentes. La primera fue una casa en el campo llamada "la quinta del tata". Esta casa era de adobe bastante grande aunque lo que más recuerdo era un parron muy largo, que se extendía desde la parte posterior de la casona hasta una linea de trenes que pasaba por detrás, ah! había una pequeña ermita, donde vivía una virgen con las manos unidas en el pecho en señal de santidad o algo así, detrás de esa virgen solía pasar un tren en ambas direcciones unas cinco veces al día. Esta casa era la residencia de verano de mi abuelo Samuel y no sé por qué razón me enviaron allí de muy pequeño. También recuerdo las gallinas y mis paseos furtivos para sacarles los huevos. Me cuentan que una vez hubo gran jaleo en el gallinero, se escuchaban a las plumíferas gritar sin parar, fue tanto el escandalo que claro, finalmente fueron a ver que pasaba allí; mi madre cuenta que me encontraron con una gallina atrapada entre los brazos gritando, como vieja en un mercadillo, ki ki ki kiiiiiiiiiii ri kiiiiiiiiii….. me pillaron metiendo los dedos en el culo de la pobre gallina y mi respuesta fue, "esta señora no quiere soltar los huevos". Mi madre siempre recuerda esa anécdota y unas cuantas más de mi dulce infancia, yo hasta el día de hoy me pregunto ¿Por qué gritaba tanto? si a los tres años los dedos de un niño son mucho más pequeños que un huevo. Desde ese día tiendo a desconfiar de las gallinas y a mirar con recelo a los huevos.
Luego me trasladaron a la otra casa de mi abuelo Samuel, "la Principal", que estaba en la antigua y en esa época fronteriza Ñuñoa, comuna de clase media en el Santiago de los sesenta. En esa casa pasé unos cuantos años, aunque entre ellos también me movieron a otras casas, todas más pequeñas que la Principal. En esa casa hice y deshice camine y subí, robé, me escondí, amé, soñé y mil cosas más. La Principal era una casa patronal, también de adobe y tejas, de unos quinientos metros cuadrados y unos cinco mil de terreno, algo así como un pequeño palacio campestre. Sus salones de maderas nobles, rancios muebles europeos y obras de arte por todos lados, fueron el primer marco para mi vida de niño travieso, pero asustadizo. En ellos solía buscar algo que descifrará el secreto de mi origen, que me informará de que había sucedido; buscaba en los libros en alemán de mi abuelo, buscaba en los cajones ocultos de su escritorio, buscaba hasta en unas gavetas secretas que habían en la cocina y nada, no aparecía nada de nada, ninguna pequeña pista que me diera una respuesta sobre la pregunta que me atormentaba a mis cincos años de edad. ¿De donde había salido yo? Sólo tenía un par de datos, aunque ambos bastante confusos. Dato uno: Tu padre se fue de Chile y no sabemos nada de él. Dato dos: Mi madre no sabe no contesta prácticamente de nada. Cuando cumplí los siete años decidí ya no preguntarme sobre mi origen y hacerme al mundo tal como yo lo veía, imaginaba y comprendía; me hice entonces una gran cosmogonía del universo, me auto expliqué sobre el origen de la vida, sobre como nacían y morían los seres vivos, me explique como los tomates de mi abuelo (Que robaba y comía mientras él dormía siesta) tenían una relación directa con los matrimonios entre los pájaros, me expliqué como el castaño cercano a mi habitación determinaba su entrega de castañas, dependiendo de la cantidad de días nublados y lluviosos del año, me expliqué como la higuera de la parte de atrás del jardín había decidido ser mi novia y otras tantas miles de cosas que nadie deseaba explicarme, no porque no quisieran, sino por que no sabían. Sólo mi viejo abuelo lo sabía todo y a veces se tomaba unos minutos y me explicaba algunas cosas, el resto del tiempo regresaba a sus asuntos, las esculturas, sus libros, sus dibujos extraños, su vino y sus puros. Un día, el muy bandido me dio el secreto de todo, y hasta creo saber la fecha de ese día, fue un par de semanas después de mi cumpleaños numero siete. Me miró con esos ojos que aturdían y sonrió maliciosamente, como lo hacía cada vez que te quería poner a prueba o que deseaba darte una lección de vida, tomó aire y me dijo: Uno, el peligro está en el miedo. Dos, lo importante en la vida se aprende observando y tres, lo realmente importante que aprendas no se dice nunca sino que se hace, para que otros lo aprendan. El viejo Samuel era un sabio, que entre palos y muy de vez en vez te soltaba una de estas enseñanzas extrañas, que de niño te dejaban en un estado como de delirio intelectual, pero que con los años irían tomando su sentido. Estas tres premisas han sido las leyes de mi vida desde ese día. Cuando le robaba los tomates que él tanto apreciaba y cuidaba, lo primero que pensaba era: Uno, no tengas miedo, dos observa por si alguien te está viendo y tres, no hables de esto con nadie, si te pillan ya se verá que hacemos. Es muy importante, según mi experiencia que lo que vayas a hacer nunca y lo recalco "NUNCA" lo hagas por miedo, eso sólo trae arrepentimiento, error y daño. El miedo es quizás una de las facetas más oscuras del ser humano, por él se han hecho guerras y un sin fin de tropelías, pero lo peor del miedo es que no permite el aprendizaje, no deja lugar a la experimentación y peor aún impide la felicidad. El miedo te dirá mil veces que no lo hagas, que no arriesgues, que valores lo que tienes porque puedes perderlo. El miedo sembrará cizaña entre los que amas, te apartará de la gente, del mundo y de lo que puedes llegar a ser y hacer. No le des espacio a que el miedo te gane la partida porque te acompañará toda la vida diciendo el lado oscuro de todo, aún no existiendo esa oscuridad. El miedo es como un cáncer que habita en tu cabeza y si lo escuchas irá tomando cada vez más espacio e irá creciendo como un tumor maligno y egoísta y terminará por consumir tu vida y toda tu felicidad. Por otro lado si deseas vencer los miedo más profundos sigue el paso número dos. Observa y observa sin parar a todo el mundo, sobre todo a los que te llevan ventaja. Dedica tu tiempo a la observación y al aprendizaje de los que te pueden enseñar, ellos en algún punto del camino perdieron el miedo, se lanzaron y aprendieron como se hacen las cosas, si los observas detenidamente, con paciencia y disciplina una día descubrirás su secreto y será tu llave para vencer el miedo y hacer lo que deseas hacer. Si te lanzas sin haber observado, quizás un día logres hacer lo mismo y hacerlo bien, pero habrás perdido mucho tiempo y quizás al demorar tanto lo abandones prematuramente. La observación es el camino del hombre astuto, y recuerda que ser astuto no es ser malo, es sólo hacer las cosas con inteligencia. Una vez que hayas aprendido el como y luego te hayas lanzado porque ya el miedo no era un obstáculo para ti, entonces practica lo aprendido con devoción y perfecciona tu técnica, piensa que con tu arte no sólo enriqueces tu vida, sino que también enriqueces la de los demás y quizás alguien te observa con verdadero interés. Trata de no hablar mucho de lo que sabes, eso no hace más que vaciarte por dentro y alimentar el miedo a perder lo que has aprendido, sólo sigue practicando y aprendiendo. El saber es como el ejercicio físico, solo sirve cuando lo continuas. Lo bonito de todo esto ¿sabes que es?, que las metas son todas posibles, que no hay nada que no puedas alcanzar, que los limites son sólo cosa de tiempo. ¿Sabes cuanto esfuerzo y trabajo implica caminar, ese simple acto que haces todos los días? Para caminar tu cuerpo debe poner en ejecución una serie muy compleja de mecanismos, no solo a nivel del cuerpo A (Huesos, músculos, nervios etc), sino que también debe poner a trabajar otros mecanismos muy sofisticados en el cerebro, como el equilibrio, la coordinación, el calculo espacial etc. El aparente simple acto de caminar implica un esfuerzo enorme de energía y tú lo haces cada día. Esto se puede asimilar con casi todos los actos corporales y mentales del ser humano, ¿Porque te hablo de esto? Simplemente para que veas que haces grandes esfuerzos cada día, sólo que tú de tanto hacerlo ya te parecen triviales, pero no lo fueron en un principio, cuando estabas aprendiéndolos, esto es un ejemplo de todo lo que puedes llegar a ser y hacer. Cuando el miedo te diga que esto o aquello no lo puedes hacer, cuando te diga el miedo que no lo lograrás, tú sigue adelante, tú propia vida es el más grande ejemplo de que "sí" es posible, de que cualquier cosa es posible.
Yo, con todo mi afecto, te invito a que lo hagas. Muchas cosas en la vida son como esa historia de mi infancia, meterle los dedos en el culo a las gallinas y buscar un huevo, quizás no salga nada de allí, pero te aseguro que una vez que hayas perdido el miedo una cosa muy grande habrás ganado, habrás ganado la certeza de que nada malo sucede.
Siempre es bueno tomar un te caliente, cuando lo hago vienen a mi mente los recuerdos...
tengo un niño que me habla desde dentro
investiga sobre un origen misterioso
investiga sobre los pliegues de una nuez
sobre los besos nocturnos de una higuera
sobre los días grises de un castaño
y sobre los tomates rojos de la huerta
ese niño me sigue hablando
me sigue enseñando a caminar
y a mantener el equilibrio
ese niño me habla sobre las cosas simples
me dice que las aves tienen amores secretos entre ellas
que las abejas cantan todas la misma canción
porque todas ellas vuelan meditando
me dice los abuelos son la puerta a la vida
que los padres saben muy poco hasta que se hacen abuelos
que las casas grandes se llevan por dentro
y que las preguntas tienen siempre dos caras
tengo un niño que me habla desde dentro
me gusta escucharlo en días de invierno
me recuerda el origen del que nadie hablaba
me recuerda los secretos de una infancia
que no se va nunca y que nunca calla
© Reservados derechos de autor
© Reservados derechos de autor
Hola Pablo; qué bonito texto de anhelos, aborígenes, aromas, sentimientos... Quienes hemos tomado una taza de té, un snack o pisco contigo, sabemos que el niño siempre lo llevas contigo y es genial, apreciar cómo va acompañado de tanta filosofia de vida, ésa que, por lo que veo, te acompaña desde niño. Un abrazo. Raquel
ResponderEliminarGracias Raquel.
ResponderEliminar